Estaciones Históricas

Estación de Francia (Barcelona)

Andrés Coret Maristany fue quién inspiró e impulsó la estación de Barcelona-Término, o de Francia, ya que Barcelona no había podido disfrutar en 1888 de una terminal férrea a la altura de su Exposición Universal. Ahí está el grabado que recoge, en la terminal vieja, la llegada del alcalde Rius i Taulet después de obtener de la Corte el permiso para organizarla. Añádase a esto el amor propio, el prurito de la opinión pública en la Barcelona del Ensanche, ebria de prosperidades materiales y culturales, y la honrilla de la misma MZA, rezagada de otras capitales respecto de estos "buques-insignia" que son las grandes estaciones.

Pero aun tomada por la MZA la decisión de hacer "el Monumento", como algunos lo mentaban, los tratos sobre su localización entre la compañía y el ayuntamiento fueron tensos y prolongados. La idea cobró vuelo con el intento de celebrar en 1915 una Exposición Internacional y, aunque la Primera Guerra Mundial trastornó el calendario, se realizó finalmente en 1929. Las prisas por llegar a tiempo, agudizadas por la necesidad desde la instancia municipal de aclarar volúmenes y alineaciones urbanas, provocaron que la obra se convirtiera en una auténtica lucha contrarreloj, siendo finalmente encomendada por concurso al arquitecto madrileño Pedro Muguruza Otaño. La estación de Francia en Barcelona es hoy por hoy valorada como uno de los grandes activos de la arquitectura civil barcelonesa. (1883- 1952). Su arquitecto sería después el primer proyectista del Valle de los Caídos en Madrid.

Estación de Francia (Barcelona)